Cómo está hecho un myColorAtlas: el formato, el papel, lo que lleva dentro y en qué idiomas se puede leer.
La diferencia está en que todo lo que hay dentro existe. El animal que colorea el niño vive en ese sitio; la torre que pinta la puede ver desde la ventana. Cada lámina lleva su pie, corto y escrito para que lo entienda alguien de ocho años: qué es, dónde está, por qué importa.
Por eso se guarda. Un cuaderno de dibujos se acaba y se tira; un atlas del lugar donde se pasó una semana se queda en la estantería y se enseña.
Una especie por página, con su nombre y dónde vive. Las de allí, no las de un libro cualquiera.
Monumentos, calles, miradores. Lugares a los que se puede ir andando después de pintarlos.
La historia del lugar contada en dos frases por página, sin fechas que nadie se aprende.
Lo que se celebra y lo que se come. Suele ser la parte que más gusta en casa.
Los dibujos no cambian; cambia el texto. Así una familia alemana y una italiana se llevan el mismo atlas de la misma ciudad, cada una en lo suyo.
En la colección puedes hojear cualquier título de principio a fin, sin registrarte ni pedir nada.